Por todos es sabido que los seres feéricos tienen sus lugares de vida y reposo apartados del mundo humano de tal modo que sin la magia

Por todos es sabido que los seres feéricos tienen sus lugares de vida y reposo apartados del mundo humano de tal modo que sin la magia de estos seres es imposible traspasar las fronteras entre ambos mundos.

Es mas, en todas las leyendas celtas en las que se hable de elfos o hadas se menciona que estos seres viven en un mundo aparte. Desde los pueblos más allá del fondo marino hasta el mito del pueblo de Danna, habitantes de bajo las colinas irlandesas.



Nos llegan relatos de este mundo élfico que nos lo describen como una tierra plena de vida salvaje y natural. Selvas de verdor y belleza extraordinarios, construcciones vegetales... También nos hablan de una fiesta continua, de las danzas y la música, de la alegría y el colorido feéricos.

Oímos hablar de maravillosas construcciones de oro y plata. De maravillas de orfebrería en metal, en vidrio y en luz. Sobre las muchas riquezas atesoradas por estos bellos pueblos.

Lamentablemente ninguno de estos seres ha sido tan amable de venir a describirnos su hogar, así que tendremos que conformarnos con las versiones que nos llegan a través de los muchos relatos que nos han llegado hasta nuestros días.



Sin embargo los seres feéricos, como seres de los elementos, pertenecen a la naturaleza y muestran predilección por el mundo humano no modificado.



Los elementales más puros (silvanos, hadas, duendes...) son por definición guardianes de partes especificas de la naturaleza y, por lo tanto, son fieles a los lugares que guardan, ya sean tierras, árboles, flores o ríos. Esta particularidad permitió a los antiguos pueblos europeos erigir pequeños altares en honor a estos elementales en sus lugares predilectos. En la actualidad se conservan incluso toponímicos regionales referidos a ellos, como "agujero de las hadas" " Río de lamías" " Jardín de las hadas" etc. Del mismo modo se cree que gran cantidad de menhires y otros grupos megalíticos fueron erigidos por estos seres para ser utilizados como centro de sus danzas.

Los seres feéricos acostumbrados a vivir junto a los humanos, elfos y duendes caseros,  presentan del mismo modo una gran fidelidad a los lugares en los que habitan y a sus "amigos humanos", tanto para deleite como para terror de estos. Por esa misma fidelidad, tienden a mudarse de casa siguiéndolos.

Un gran ejemplo, ¿verdad?

Como se vive el tiempo en el mundo feérico? Realmente, no lo sabemos. Muchas razas feéricas cuentan con una larguísima vida, pero tan solo es comprobable en aquellos seres muy ligados a lugares o familias humanos. Sin embargo otros seres más etéreos viven fuera de los registros temporales. De ese modo, llegan a ser prácticamente "inmortales".

Existen muchísimas leyendas en las que el protagonista humano era guiado de algún modo a los reinos de estos seres, y después de lo que a él le parecen unos pocos minutos, regresa a un mundo en el que han pasado siglos.

En realidad en el universo feérico el tiempo no es inexorable, ni constante, ni siquiera lineal, sino que es una expresión del propio estado de ánimo del ser. Esto es muchísimo más notable en casos de hadas y elfos, seres de humor más variable.

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